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APUNTES PARA LA HISTORIA DEL PLEGADO DE PAPEL EN ARGENTINA

Lo que sigue es reproducción del material publicado en Facebook (http://www.facebook.com/media/set/?set=a.4008290679475.161757.1047447169&type=3 ) y las notas aportadas por Joan Sallas (http://www.facebook.com/joan.sallas), origamista catalán radicado en Alemania que investiga hace tiempo la historia del origami.

En abril de este año, Andrea Hernández - docente alumna de los talleres de origami de la Universidad Nac. de Gral. Sarmiento - me acercó un libro de encuadernación casera que recibió de su madre, que contiene 29 láminas con instructivos sobre plegado de papel distribuídas por la Editorial Della Penna con los repuestos de hojas de carpeta en los años 40 y 50 en nuestro país.

         


Pocos saben que en Argentina, el plegado de papel era parte de la currícula escolar desde principios del siglo XX. Cito el artículo de Polo Madueño en PLEGANDO AL SUR #1, p. 7: "En 1927, el entonces Honorable Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires aprueba el libro del nuevo 'Programa de Trabajos Manuales'. En éste se tocaban diversas actividades manuales como trabajos con arcilla, cartonaje, con alambres y con papel. (...) para Primer y Segundo Grado se establece una metodización de clases destinadas al Plegado Fröbeliano."

Aunque todavía no he encontrado la resolución pertinente del Ministerio de Educación, sé que en 1966-67, la dictadura de Juan C. Onganía eliminó el Origami de los programas, junto a temas como la Teoría Matemática de Conjuntos. Pasadas varias generaciones, los origamistas argentinos descubrimos que tenemos una historia y una tradición propia de plegado de papel que nos fue escamoteada y ahora recuperamos trabajosamente. Nombres como el de Ligia Montoya, el Dr. Vicente Solórzano o Antonio Cerceda (Mago Korda) son desconocidos para la mayoría de los origamistas, aunque hicieron contribuciones notables al desarrollo del origami que son reconocidas internacionalmente.

De las 30 láminas de la colección TRABAJO MANUAL EDUCATIVO, el libro incluye 29. Imágenes que nos sorprenden por el número de modelos y técnicas que se enseñaban en nuestra escuela primaria en tiempos de nuestros padres y abuelos.

Mi agradecimiento a María Eugenia Sandín por el cuidadoso trabajo de escaneo de los documentos.

L.A. Julio 2012

             

             

             

          


Joan Sallas

(Traducción)
Las 30 láminas son mencionadas por Gershon Legman en su "Bibliography of Paper-Folding" (1952) con el título "Trabajo manual educativo". Esto significa que fueron publicadas en 1952 o anteriormente. Existen al menos dos ediciones de estas láminas por el mismo editor Della Penna. La única diferencia es que los diagramas son son en color rojo sino verde.

APUNTES SOBRE LOS ORIGENES DEL PLEGADO EN ARGENTINA (1/2)
Una de las primeras informaciones sobre los inicios de la enseñanza del plegado en la Argentina postcolombina, la encontramos en la primera edición de “El trabajo manual en las escuelas primarias” (Madrid: Editorial “El Magisterio Español”, 1902), de Ezequiel Solana [1863-1931].

En este libro se relata que junto a Chile, Argentina fue uno de los primeros países que durante el último cuarto de siglo XIX mandó a Suiza, Francia, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Italia y especialmente en Suecia. comisionados gubernamentales como el Sr. Pablo A. Pizzurno y el Sr. Compte, para aprender un sistema pedagógico en que los trabajos manuales (entre los cuales destacaba el plegado), no eran concebidos como un mero entretenimiento, sinó como método altamente educativo, que “hacía caminar conjuntamente el ojo, el espíritu y la mano”. Al regresar a Argentina Pablo A. Pizzurno, que fue Director del Instituto Nacional, publicó sus experiencias sobre el plegado escolar en „El trabajo manual“ (Buenos Aires: Marzo de 1896), redactado por G. Vitorín y E. Romero Brest.

El comisionado gubernamental chileno J. Cabezas realizó seis cursos en Nääs (Suecia) y tradujo al castellano los trabajos que publicó su maestro sueco O. Salomon. Debemos recordar que desde finales del siglo XVII hasta hoy, Escandinavia es una de las zonas europeas más impregnadas de la tradicion del plegado, especialmente en servilletas.

Pero fue en Argentina donde se logró una organización más acertada y completa para la promoción del plegado. La República Argentina contrató en Suecia por 150 pesos mensuales un maestro especial que enseñara el trabajo manual (plegado de papel incuído) en las escuelas de en Buenos Aires y en los cursos de plegado para maestros y maestras durante las vacaciones. El gobierno argentino consignó además un crédito anual de 2000 pesos por los gastos de material. 

Más tarde esta enseñanza fue encomendada al uruguayo C. Figueira y Basaldúa, quien estableció el programa de trabajo manual en las escuelas argentinas en seis grados, donde el plegado se contemplaba en todos ellos. De esta forma Argentina entró al siglo XX con un equipo de maestros de escuela competente en la ensenanza del plegado. Los maestros que querían reciclarse, asistían a escuelas públicas y privadas, como la que dirigía Juan Trufó.

En los programas para las escuelas comunes de Buenos Aires que sancionó el Consejo Nacional de Educación en la ley de 12 de Setiembre de 1901, se establecía el plegado froebeliano principalmente en el primer y segundo grado. En el tercer y cuarto grados el plegado se hacía mayoritariamente con cartón. 

En los siguientes decenios, el plegado continuó formando parte del programa escolar argentino, hasta que a mediados de los años 1930s el terreno estaba abonado para que en él arraigaran y se desarrollaran las grandes figuras del origami pedagogico y creativo argentino como los desconocidos Hernán Pallardó, Rosario Vera Peñaloza, Carmen Champy, J. Parodi, los cuatro grandes: el italiano Giordano Lareo, el mago Ismael Adolfo Cerceda (Carlos Corda) [1923-1979], Lígia Montoya [1920-1967] y el Dr. Vicente Solórzano [1883-1970], además de los pedagogos Corina L. E. Luciani y Antonio M. Luchía, Lino y Valentín Mestroni, el olvidado Rufino Yapur, el posteriormente el transgresor Eduardo Suárez, la desconocida Araminta V. Aramburo, que por la coincidencia del título de su libro “Trabajo manual educativo” (Buenos Aires: F. Crespillo, 1939) quizás podría estar relacionada con las láminas epónimas del editorial de [Carlos?] Della Penna, recién redescubiertas por Andrea Hernández y Laura Azcoaga, y que al menos se editaron dos veces, una con diagramas rojos y otra verdes. Al menos una de las dos ediciones se publicó en 1952 o antes.

Con los datos expuestos hasta aquí, tenemos un poco más de luz sobre orígen froebeliano del plegado argentino. Las primeras informaciones de intercambio de plegado entre la comunidad hispana y nipona en Argentina se produjo bastante más tarde en la década de los años 1950s y no se puede de ningun modo considerar como el origen de la tradición del plegado argentino. 

(continúa)

APUNTES SOBRE LOS ORIGENES DEL PLEGADO EN ARGENTINA (2/2)

Cuenta Vicente Palacios en “Papirogami” (1972) que aparte de sus publicaciones, Vicente Solórzano fundó en 1954 el primer Museo de Papiroflexia del mundo (indicando Palacios lo que parece ser el lugar, “Pueyrredón y las Heras”), el cual en 1961 trasladó de Argentina a Valladolid (España), dejando sus bienes a la fundación para un Centro Argentino de Papiroflexia, y que los japoneses de Buenos Aires organizaron una academia para la enseñar sus plegados en la Asociación Japonesa de Buenos Aires (Paseo de la Independencia, 732). De resultas de todo ello se realizaron dos exposiciones en el vestíbulo del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, la primera con las papirolas del Dr. Solórzano y la segunda, con obras de plegadores japoneses.

Seria interesante reunir toda la información posible sobre este Museo de Papiroflexia, sobre esta academia de plegado y sobre las dos exposiciones realizadas. Me pregunto además si el Centro Argentino de Papiroflexia, o si la Asociación Japonesa de Buenos Aires aún existen o quien fue realmente heredero del los bienes del legado de Solórzano. Quizás alguna de las asociaciones de plegado del papel argentinas actuales como Origami Argentina que fundada el 2009 y que presiden Meri Affranchino y Laura Azcoaga o bien la Asociación de Origami & Papiroflexia „Vicente Solórzano y Sagredo“ fundada en 2003 y presidida por Paula C. A. de Otero saben algo más al respecto. 

Pero lamentablemente este punto álgido de la edad de oro del plegado argentino duró poco. Tal como comenta Laura Azcoaga, desde 1966 la imposición de la dictadura no fomentó evidentemente la educación de personas libres y creativas, y se eliminó del programa escolar el plegado de papel, posiblemente entre muchas otras materias. Las dictaduras se sucedieron, truncándose para toda una generación la transmisión del plegado a través del sistema escolar, sucumbiendo la tradición plegadora argentina en el olvido, al menos aparentemente fronteras adentro. 

Fronteras afuera, el nivel del plegado en Argentina quedó ya plasmado en 1952 en la „Bibliography of Paper-Folding“ de Gershon Legman, donde -atención- de las 33 publicaciones y ediciones en lengua española registradas en esta publicación, 28 (!) fueron editadas o impresas por autores argentinos o que entonces vivian en Argentina.

Gracias a Gershon Legman, el prestigio y valor internacional de los autores y pedagogos plegadores argentinos se mantuvo reconocido en el resto del mundo, presentados por ejemplo en el parnaso de autores plegadores en el libro de Robert Harbin "Secrets of Origami” (1973). Las obras de Solórzano en mayor grado, pero también las de Lareo, Montoya, Yapur, De Luchía y Cerceda son mencionados en multitud de bibliografías del plegado en libros de Robert Harbin, Samuel Randlett, William L. Schaaf, James Minoru Sakoda, Peter Engel, John Smith, el Grupo Riglos o Juan Gimeno. Especial mención debemos hacer a Vicente Palacios por la atención dedicada en sus libros "La creación en papiroflexia“ y "Fascinante Papiroflexia“ a la figura de Adolfo Cerceda. En este sentido también debemos hacer mención del artículo de David Lister “The History of Paperfolding in South America”, aparecido en la revista “Fold” (1996).

Una importante contribución argentina a la cultura del plegado, importada de Alemania por Vicente Solórzano, fue la costumbre de incluir en libros de plegado una bibliografia de los libros de plegado que pudieran ser útiles a maestros y educadores.

La actividad del plegado es una tradición que no tiene un inventor, sino un desarrollo que se encuentra en todas la civilizaciones del mundo, algunas de las cuales han elevado esta tradición a la categoria de arte. Aspectos como el plegado de los indios en tiempos pre-colombinos, la dimensión real de la aportación de los primeros colonos españoles así como la influencias posteriores como la froebeliana o la japonesa deberían ser objeto de documentación e investigación profunda e objetiva. El arte del plegado y su transmisión a través de pedagogos anónimos y no anónimos formó parte muy temprano de la herencia cultural de los argentinos, y haríamos bien de seguirla investigando para reconocerla como propia, y no como una burda replica acabada de importar del Japón.

Y a propósito de Japón, país de enorme tradición plegadora que todos admiramos, su gobierno también mandó a finales de siglo XIX comisionados a Suecia y Alemania para aprender el plegado y su valor educativo escolar. El mismísimo Yoshihide Momotani reconoció que la tradición del plegado japonés a principios de siglo XX tuvo que hacer esfuerzos para alejarse de la gran influencia estética froebeliana, para reencontrarse con la propia tradición del plegado japonés. Sólo así podemos entender el desarrollo de Michio y Kosho Ushiyama o Isao Honda que propiciaron sin duda alguna un Akira Yoshizawa y todos los que siguieron y siguen hasta hoy plegando y creando.

Joan Sallas
30. de Julio de 2012

 

 

 

 

 
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